¿Y en otro Lugar?

François Raulin
Las únicas posibilidades que nos quedan de localizar vida extraterrestre se encuentran fuera del Sistema Solar. No creo que los objetos voladores no identificados, digamos mejor, las observaciones de fenómenos aéreos no explicados, sean signo de la visita de seres inteligentes venidos de fuera, así como tampoco de sus robots. En este punto se trata de creencias, ya que los elementos de que disponemos son demasiado pobres para que puedan considerarse como pruebas o como indicios serios. En cambio, estoy convencido de la existencia dc una vida o de vidas en otros sistemas solares, incluso de vidas inteligentes. Y esta convicción se ve reforzada por los numerosos datos de los que dispone hoy la exobiología, que apuntan en esta dirección.
La investigación de tipo SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence: búsqueda de inteligencia extraterrestre) me parece un enfoque que debe continuar, con medios adecuados. Un financiamiento de la NASA ha permitido la construcción de un detector especifico, capaz de explorar simultáneamente diez millones de canales, es decir, de "escuchar" diez millones de frecuencias diferentes. Inaugurado el 12 de octubre de 1992 (día del quinto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América y año internacional del espacio), este sistema es actualmente operativo. De todos modos necesita radioastrónomos, radiotelescopios y financiamiento. La coyuntura no es muy favorable; SETI no está entre las prioridades de las agencias espaciales. Estas últimas, al igual que la mayoría de los organismos de investigación, sufren también la crisis económica, y deben reducir sus presupuestos y hacer opciones. Sin embargo, los radiotelescopios existen: Arecibo, Nançay están entre los más interesantes para una investigación SETI y numerosos radioastrónomos exobiólogos (o "bioastrónomos") están listos para comprometerse aún más en este tipo de investigaciones, incluso en Francia. Este enfoque, que podría ser muy eficaz, cuesta relativamente poco y posee actualmente las herramientas necesarias. Puede llevar también a descubrimientos inesperados en campos diferentes de la exobiología.
De hecho, SETI no es el único medio del que disponemos para detectar vida fuera del Sistema Solar. Supongamos que algún tipo de vida, incluso microscópica pero análoga a la vida terrestre, exista en uno de los planetas hipotéticos que giran alrededor de una de las estrellas próximas al Sol. Entonces ese planeta debe tener una atmósfera rica en oxígeno, 02, producto de la fotosíntesis biológica, que incluya una capa de ozono, 03, formado por fotoquímica de 02. Esta capa protege del exterior a los sistemas vivos, como su análoga terrestre, de los rayos ultravioleta destructivos, emitidos por la estrella de ese planeta. Las técnicas espectroscópicas, cada vez más poderosas, deberían alcanzar, en el horizonte del año 2000, la sensibilidad indispensable para la detección
eventual de 02 y de 03 en torno a las estrellas cercanas. Quizá para ello haya que observar desde el espacio. La observación a partir de satélites artificiales en órbita terrestre ya está, por supuesto, a nuestro alcance. Permitirá evitar, en parte, las perturbaciones importantes que provienen de nuestra propia atmósfera (en particular de su oxígeno y de su ozono). La observación a partir de un observatorio lunar, lejos de los ruidos de nuestro globo, me parece aún más prometedora.
Las futuras estaciones espaciales deberían ofrecernos también los medios para investigar sistemas planetarios de manera eficaz. Hasta ahora sólo conocemos uno: el Sistema Solar. Pero los modelos que explican su formación sugieren que se trata de un fenómeno muy general, que parte de un disco protoplanetario. Este disco, constituido por acreción de polvos, se transformaría rápidamente (un millar de años bastarían) en miniplanetas y en cometas que gravitarían alrededor de una estrella central. La rápida agregación de estos pequeños cuerpos conduciría progresivamente (en algunas decenas de miles de años) a los planetas finales. No hemos detectado hasta ahora ningún planeta extrasolar. En cambio, gracias a nuestros nuevos medios de observación, principalmente gracias al satélite artificial IRAS, los discos protoplanetarios ya no son una hipótesis. Hemos descubierto varios. Según estudios recientes b-Pictoris, el más célebre, parece incluso poseer planetas. El estudio de los movimientos de varias estrellas próximas sugiere que están también ellas rodeadas de "compañeros oscuros", planetas gigantes más grandes que Júpiter. De todos modos, la detección directa de planetas extrasolares sólo podrá hacerse
de manera fiable con herramientas más adaptadas, como las técnicas ópticas que el astrónomo francés Antoine Labeyrie ha desarrollado recientemente y que le gustaría instalar... en la Luna.