François Raulin ¿Otra química? La química prebiótica terrestre, la química de la vida que de ella ha emergido, está basada en el carbono, más precisamente en la materia carbonada y en el agua líquida. Desde que los radioastrónomos escuchan el cielo, no han localizado ningún mensaje de ninguna civilización extraterrestre, pero han descubierto unas cien moléculas diferentes en el espacio interestelar. Estas moléculas son, en su gran mayoría, orgánicas; el agua figura también entre las más abundantes. Es, por tanto, razonable pensar que la química del carbono, en presencia de agua (incluso líquida), no se limita únicamente a nuestro Sistema Solar ni a nuestra galaxia. ¿Es acaso ésta la única solución? ¿Se pueden concebir otras químicas, otros disolventes? El carbono es un elemento simple, relativamente pequeño y liviano; ocupa una posición central en el cuadro de clasificación periódica de los elementos. Esta posición le confiere una propiedad que me parece indispensable para formar estructuras biológicas: se une por covalencia con muchos elementos. Estas uniones son lo suficientemente sólidas como para lograr edificios químicos estables, pero también son lo bastante frágiles como para disociarse y permitir una evolución de estos edificios. En la clasificación periódica de Mendeléiev, los elementos de una misma columna tienen propiedades semejantes. La lógica dicta entonces que allí se debe investigar prioritariamente para establecer una nueva bioquímica. Siendo el carbono el primero de su columna, el silicio, el elemento situado inmediatamente por debajo, es el que debemos considerar. Es un átomo más pesado que el carbono, pero abundante en el Universo (aunque menos que el carbono), posee propiedades análogas que conducen a edificios covalentes. Sin embargo, las uniones son mucho más sólidas, demasiado para prever que se pueda fabricar un sistema vivo capaz de evolucionar naturalmente. Toda vida natural (por oposición a una vida artificial, hecha de robots), construida a partir del silicio, parece poco probable. En cambio, en lo que se refiere al disolvente, la unicidad de la elección me parece menos evidente. Obviamente el agua (H20) líquida es un disolvente maravilloso dotado de propiedades físicas, en particular electromagnéticas, que le permiten atraer, rechazar, mezclar, unir y disociar millones de moléculas diferentes. Conserva el estado líquido en una amplia gama de temperaturas (O a 100 0C, bajo la presión de una atmósfera). El agua es ciertamente la mejor opción, pero existen disolventes de sustitución. El que más se asemeja al agua es el amoníaco (NH3). Este disolvente posee propiedades electromagnéticas parecidas a las del agua pero presenta algunas desventajas respecto de ella. El amoníaco es líquido a muy baja temperatura y en una gama muy reducida (78 ºC a 33 ºC). Debido a las muy bajas temperaturas, las reacciones que tienen lugar en este disolvente son más lentas que sus análogas en el agua. Su destrucción (por los rayos ultravioleta solares) conduce al nitrógeno molecular, que no absorbe los rayos ultravioleta , mientras que la del agua conduce al oxígeno, y al ozono que si los absorbe. De todos modos, el amoníaco es un disolvente que da lugar a múltiples reacciones; algunas de ellas son análogas a las reacciones bioquímicas. Para concluir, aunque menos abundante que el agua, el amoníaco está muy extendido en el cosmos y parece también una molécula universal. Una vez más, una bioquímica fundada en el amoníaco es una hipótesis que no se puede descartar totalmente pero que parece poco probable. ¿Otras bioquímicas? La química del carbono, aun cuando se la limite al agua líquida como disolvente, ofrece un amplio abanico de posibilidades de estructuras y de reacciones. Las investigaciones realizadas desde hace poco tiempo en el campo del origen de la vida para intentar poner en evidencia otros nucleótidos, con menos cualidades que los que constituyen los ácidos nucleicos actuales, pero más simples, parten precisamente de esta idea. Los organismos vivos de hoy parecen utilizar, sin embargo, sistemas bioquímicos optimizados. No es seguro que se puedan lograr mejores resultados que los del conjunto ácido nucleico/proteina, en las condiciones del medio ambiente terrestre, a no ser que la quiralidad de los componentes básicos de esas macromoléculas pudiera ser invertida sin modificación notable de sus capacidades. Parece entonces muy probable que si una vida extraterrestre utiliza la química del carbono en el agua líquida, su bioquímica pueda ser diferente de la nuestra, pero esa diferencia debe de ser tanto más débil en la medida en que el planeta que alberga vida sea semejante a la Tierra. En cambio, si esta hipotética vida extraterrestre utiliza un disolvente diferente del agua líquida (lo que significa que ha podido desarrollarse en un planeta de condiciones muy diferentes a las de la Tierra), entonces pienso que su bioquímica y su biología pueden ser fundamentalmente diferentes de lo que conocemos. Tomemos el caso del amoníaco (NH3). Reemplazar H20 por NH3 supone, de hecho, una química orgánica sin átomos de oxígeno. Es un poco lo que ocurre en Titán donde la fuente principal de átomos de oxígeno (el monóxido de carbono) es de una concentración demasiado débil para que este átomo intervenga de manera importante en los mecanismos. Se puede entonces intentar construir otra bioquímica reemplazando sistemáticamente en las estructuras biológicas terrestres los grupos químicos oxigenados por análogos nitrogenados. Cuando nos sometemos a este ejercicio, puramente teórico, se llega a estructuras que a priori tienen pocas posibilidades de existir. Sin embargo, esta seudo-bioquímica no es únicamente una "química sobre papel: muchas estructuras inventadas de esta manera pueden fabricarse en laboratorio. Formas, inteligencias y tecnologías Una vida extraterrestre molecularmente semejante a la nuestra es la menos difícil de buscar ya que es la única cuyos engranajes conocemos, aunque parcialmente. Supongamos que gracias a la evolución biológica y partiendo de formas microscópicas la vida extraterrestre haya podido, como su análoga terrestre, alcanzar dimensiones macroscópicas. ¿Qué se puede decir de esta vida evolucionada? ¿Qué formas ha podido adoptar? Entramos allí en un campo de gran especulación, que ha sido mucho más explorado por los escritores y los cineastas de ciencia ficción que por los científicos. Es verdad que en este punto la única vía con la que contamos es compensar nuestra gran ignorancia con mucha imaginación. Contemplemos nuevamente el universo viviente terrestre. La extrema diversidad de sus formas permite pensar que si existe una vida extraterrestre macroscópica debe adoptar, ella también, formas muy variadas, moldeadas por la evolución biológica. De este modo, la probabilidad de que estos seres extraterrestres sean semejantes a sus análogos terrestres parece muy débil. Muy por el contrario, la influencia de las condiciones del entorno, tales como la gravedad, la densidad de la atmósfera y las temperaturas, en la evolución de las especies tiene que originar organismos muy diferentes de los que conocemos en la Tierra. Es difícil de imaginar que seres de gran tamaño, endebles y gráciles, puedan desarrollarse de manera armoniosa en un planeta denso, con fuerte gravedad. En la Tierra, la evolución biológica ha permitido el surgimiento de algunas especies vivas dotadas de inteligencia. La especie humana no es la única. Otros animales, entre los llamados «superiores», como el delfín, parecen haber alcanzado también esta importante ventaja. Pero el hombre es el único que posee un lenguaje articulado, para manejar la reflexión; es también el único que pudo desarrollar una tecnología avanzada. La inteligencia parece estrechamente ligada al mundo animal macroscópico, un mundo diversificado, pero en el que los seres presentan numerosas características morfológicas comunes, en particular relacionadas con su simetría. ¿Ocurre lo mismo con la vida inteligente extraterrestre? ¿Las civilizaciones tecnológicas extraterrestres avanzadas están constituidas exclusivamente por humanoides? ¿No podemos considerar que otros animales, de morfología muy diferente a la del hombre, como el pulpo terrestre, puedan alcanzar también ese estadio avanzado de evolución? Algunos (humanos) piensan que la búsqueda de esas vidas es vana, ya que la evolución biológica necesitó casi 4.000 millones de años para que emergiera lo que se considera (quizá equivocadamente y ciertamente de manera parcial) como lo más precioso de la vida terrestre: el Hombre. Afirmo que nada nos permite excluir que procesos análogos (y no idénticos) hayan podido desarrollarse en Otro lugar, y más rápidamente. Pero nada nos permite tampoco, en la actualidad, prever la forma que puede adoptar esta vida inteligente extraterrestre. Los grandes descubrimientos del siglo XXI serán el fruto de la pluridisciplinariedad. Trasponiendo las herramientas teóricas y experimentales entre los campos disciplinarios considerados hoy en día clásicos, la ciencia ha de progresar, y nuestro conocimiento del Universo, de sus objetos y de sus procesos ha de acrecentarse. La exobiología, con sus numerosos caminos complementarios y pluridisciplinarios, constituye uno de los mejores ejemplos de estos nuevos campos de exploración. Traduce la curiosidad y la necesidad de saber y de comprender que ennoblecen a la especie humana. Estamos muy lejos de haber aprehendido todos los misterios de los orígenes y de la evolución de la vida terrestre. Pero considero que no es necesario esperar a conocer todos los secretos para ir a investigar fuera. ¿Estamos en nuestro derecho? ¿No hay acaso suficientes problemas por resolver en la Tierra, prioritariamente? Por supuesto, pero creo justamente que su resolución requiere una gran variedad de enfoques. Estoy convencido de que los trabajos vinculados con la exobiología, desde el laboratorio terrestre hasta el espacio, pueden aportar contribuciones importantes e inesperadas en muchos campos más aplicados y más cercanos a nuestra vida diaria. La exploración espacial ya ha mostrado este tipo de situación. ¿Quién habría podido prever, hace cuarenta años, que el desarrollo de los ordenadores requerido por las investigaciones espaciales llevaría a la explosión informática que conocemos actualmente? Desde que fue fijada en la tapia de la rue Giordano Bruno, la pequeña placa dorada en memoria del filósofo está siempre adornada con flores. No creo que en ese gesto pueda verse confirmación alguna de la existencia de seres inteligentes extraterrestres. Lo consideraría más bien como el signo de que la idea de la pluralidad de los mundos, incluidos los mundos habitados, ha sobrevivido a lo largo de los siglos y de que ha estado siempre bien arraigada en el pensamiento humano. Se trata ahora de hacer que esta idea dé frutos, dentro de un enfoque perfectamente racional. De todos modos, es necesario que la humanidad se vuelva más inteligente, que deje de masacrarse y de destruir su planeta. He pasado por alto que, debajo de la placa dorada, hay otra mucho más pequeña. Casi hay que pegar la nariz para poder leer la siguiente frase: «La primera placa fijada por la comisión Giordano Bruno el 17 de febrero de 1991 fue destrozada el 10 de mayo de 1992 por desconocidos.» Esperemos que esta búsqueda de vida en el Universo nos dé suficiente humildad y sentido de lo cósmico como para volvernos más razonables. Página alojada en http://www.Oldno7.org
Fotomaf - Galeria de fotos de Mauro A. Fuentes |